PEQUEÑA ANTOLOGÍA POÉTICA
Gabriel Jiménez Emán

De Materias de sombra (Monte Avila Editores, 1983)

MI QUERIDA CERVEZA

Siempre sueño ir nadando en una gran cresta de cerveza
desenfundo mi arma en pleno oleaje
y siento la espuma, música plena en mis orejas
pero no soy capaz de disparar
estaría hiriéndome al despertar
como el desesperado cuando la marea se levanta
juntando sus manos en la única súplica
la de entenderse con los muertos
y volar en pedazos el día menos pensado

No he podido encontrar muerte más bella
que la de suicidarme con cerveza
el gran secreto del oro de copas
atravesando mi garganta como una saeta
dulzura de ojos vacíos
Poesía
De noche inmensos chorros de cerveza
salen sin piedad de la tierra
arrastrándome a rincones
donde se pierde toda la vergüenza del mundo
mujeres funerarias salen de los confines 
a besarnos, a morder nuestros labios en camas apagadas
con todo el silencio que destila el amor
en la gentil pornografía
riendo con ganas de la vida, como si regresando a nuestra casa
hubiésemos dejado herido el horizonte
varias gaviotas muertas y un lejano sabor a cerveza
que nunca nos humilla



LA TROMPETA CULPABLE

Hace una semana o tal vez más,
quizá hace dos, o un mes
sueño que toco la trompeta.
Una mujer me dice que no puede ser
que ella jamás imaginó un sonido tan sublime.
Pero yo la toco otra vez
y le demuestro que los sonidos salen
como flujo magnético
metiéndose en el almuerzo
y provocando exclamaciones
en los demás asistentes.
Mis dedos en los pistones
son pequeñas serpientes doradas.
Alguien que no veo me aplaude,
después mi mujer me golpea con una cuchara,
luego mi hijo me dice que le duele
el oído.

Yo sigo hasta formar parte de un conjunto
famoso por beber whisky en los ensayos.
después llega mi madre y me reprende
me dice que voy a despertar a los muertos de la cuadra.

Mi trompeta va a dar a su estuche de felpa.

Entonces la primera mujer me vuelve a decir
que ella no lo cree
que yo estoy soñando y que ella sin embargo
me ama.
Yo me despierto cansado,
viendo a mi almohada asustada
arañándome la cara.



EN EL PARQUE
A Reynaldo Pérez-So


He llegado otra vez a este parque
y me he sentado a oír el ruido
que hace mi conciencia.
Al pararme y parpadear, al sentarme otra vez,
al registrarme los bolsillos siento que algo
se agrieta en otra persona, vasos y botellas
caen de mesas que nunca he visto
y se rompen sin hacer ruido.
He venido a leer al parque y no puedo adelantar la lectura
si un niño me mira,
pues mis ojos me miran con los suyos
y sólo veo páginas blancas
sobre mis manos.

Si un pájaro vuela cerca de mí
No puedo verlo realmente, sólo presiento su aleteo
¿en mis oídos? ¿en un árbol situado detrás del sol?
Ignoro asimismo por qué hiero la hierba con mis pasos
y de dónde he sacado fuerzas
Para igualarme a las hojas.

El parque está ahí siempre, aliviando mi tentación.
Y ahora no sé si estoy en él.


LAS MADRES

Las madres no existen.

Van de un lado a otro
y no hacen nada preciso
pero bajo sus dedos
todo ocurre.

Nunca están completamente sentadas
o de pie
y cuando se acuestan 
nadie las ve.

Las madres no existen.

Sólo aparecen
o desaparecen.


Del libro Baladas Profanas (La oruga luminosa, 1993)

LOS DUENDES
A Román Leonardo Picón


La amistad la inventó un duende solitario
que se paseaba entre los árboles desnudos.
se preocupaba por el futuro de los árboles
por las hojas muertas y el crujir intenso
y secreto de las estrellas.

La amistad la inventó un día
en que la melancolía de la soledad le subía por las piernas.
Llegó a la cima de una colina
y desde ahí divisó a otro duende solitario
que, como él, se venía deteniendo
entre los árboles.
Se dieron la mano. Hablaron de las cosas del mundo.
Y luego durmieron.

Al día siguiente los dos duendes eran uno solo.

 

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Publicado: 02.09.2006 Última atualização:  23.07.2010  

  

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