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Las noches del
cisne
Luis Gilberto Caraballo
“El clavo de un hueso roto, de dos
tiempos distintos, un disparo va
haciendo el puente, un delgado hilo,
el cisne del tiempo”
La noche del cisne I
La noche traspasa su delgado cuello
un cisne cohabita en los dormitorios
celestiales,
un lago bañado de notas torpes y
ágapes deslucidos.
bajo el áurea de luna, arenosa y
transida
Una larga mirada con su boca
desmedida
Un desmán en lo nuestro, en el centro;
sueños deshechos,
y un trepidar de árboles secos en el
enrejado del bosque
Tras los faros agrestes
de una vertical
lluvia de delirios
va su andar perdido;
azota a la razón insonora.
Amapolas congenian
azarosas en su aroma,
deshojadas
se levantan en el torbellino,
procaz desola.
En silencio irreverente
pausa la muerte,
ahí está el tímpano ciego,
esperando
con sus calas de noches irresolubles
e himnos del estío,
la cara del viento
con la que ha crecido hasta el lago.
No nada en solitario
es director de un legado
donde no se toca su tesitura
sin perder el olvido,
sin estar ausente y besar el fuego
labios del desierto.
Pies del viento muerto
y una mirada al tedio,
un animal incierto
cabizbajo, domado
por los ecos del silencio.

La noche del cisne II
“Un cisne blanco duerme canciones,
anida el arte del tiempo, un vals
entre geranios aromados de la memoria
de otro mundo, un mundo que fue
nuestro”
La noche corre
y el cisne blanco queda como su
recuerdo
un hilo entre el crepúsculo luminoso,
y la voraz negruzca
esculpen su delgado cuello.
Cada instante nos tropezamos
la voz pretérita
invita a su lago,
a la delgadez esbelta de la memoria
entre acordes, pausas,
miedos y sueños
temblores, nos hace la danza de su
muerte
escondido entre amores y aromas
el cisne va entre resonancias en el
vals del tiempo
urde el silencio y el olvido nuestro.
El velo encubierto del tiempo
imperfecto
imaginario,
nos devela el mundo que nos antecede
y circunda, con su hermosa estatura,
una vigilia perdida la nuestra.
Búsqueda de un espejo
abocados a la cicatriz diluida
en su danza, la noche incauta
y desnuda deshace nuestra memoria.
El hombre ilusionado con el futuro
se deja caer,
en algún silencio de la noche,
siente la sinfonía transfigurada
del tiempo y habita en lo profundo del
lago, aletargado
en lo lejano, merodea con el pasar de
la esbelta y dulce figura,
le muestra lo inmenso del tiempo y la
pequeñez de su ego.
El cisne, reposa en su horizontal
postura
en la noche de acordes oníricos
una intacta estatua tejida por los
dioses
raudal de belleza en el eco del camino
despierta al hombre.
Se encienden sus hogueras
donde calienta memorias
cuan alto es el pico nevado
en el que yace su recuerdo
alejado de su voz,
va caminado el sendero
va incinerando su tiempo
padeciendo del lago quieto
y el vals del silencio
El cisne pasea, divaga
con su sinfonía,
envuelto por dos tiempos,
el interludio de dos mundos.
El cisne imperfecto calla y duerme en
su amargura
el viento levanta la sed, una pared de
náufragos
el olvido desconoce su incendio
el silencio aletarga al ego

La noche del cisne III
El cisne negro amanece
en el estanque de la memoria con una
rosa entre sus ojos
La dama nocturna lo deja bajo el
silencio del sueño
va andando con el agua limpia
en un sonoro adagio
Trae cargada a la luna
en la espalda
y el semblante plateado.
La sensualidad luminosa
Se refugia en su hilo negro
un intermedio en sus sueños de mar
boscaje nocturno y
el velo lumínico del alba que descorre
incendiando la muerte
El sueño se despierta en su sombra
En el abrazo onírico y danza
La noche, el beso tibio del ánfora
Del viaje conspicuo con Morfeo
Mientras más crezco, más hundo
el tiempo
más hondas son las orillas
más alto es su silueta.
Una sinfonía permuta polifónica
con su nostalgia
y el lago calmo
espeja la mañana irreverente
y quieta sobre su lomo
el cisne atraviesa borrascas hurgando
el alba
el rostro del silencio
el lago de hojas filosas,
de tramas sedosas.
Luis Gilberto Caraballo

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