Notas del tiempo en que vivo
Luis Gilberto Caraballo
He llegado hasta los huesos
a oler el infame aliento
la noche transversa del insomnio
a corromper el hábito del canto
a disipar la muralla de rostros magistrales
Solo eso me ha llevado a inquietar el pulso,
la rosa que calla con su perfume
al viento en su entelequia del mundo.
Sí solo eso me conmueve en la búsqueda.
He tenido a la noche cabizbaja
debajo de mi sombra y una pesadez en el cuello
con sus bisagras del tiempo
entre palabras silenciosas intentando asirme.
Y ahí había un túnel de hielo
y un amor elaborando lactancias
que se hizo con el ordeño
entre lo que dejo el invierno de tus ojos
y lo que quedaba entre verdades y recuerdos
del día en que me mirabas
como un halcón posando con sus garras
sobre el árbol de los grises,
pintaba un lienzo
de viajes y una vejez apresurada.
He dejado su pico y garras
como jarrones de polvos
en la gruta,
una prisión longeva y reseca sin luz
que me ha hecho leer los libros crueles
de la vanidad, la silente emboscada del alma
Los fragmentos
de mi origen
Y alguna vez fui un eco
y una cantidad de refracciones
de palabras.
Alguna, entre tantas quedo una membrana
resonando dormida en su crepúsculo;
de la que ha hecho el rostro
lo ha urdido de nuevo.
Y aun no había terminado
de leerme los libros
cuando ya estaba
cerca
goteando el aroma.
y aun quisiera como tú,
pero es así,
como el día cercano,
y ahora ya es la noche de decir
que era necesario,
traerlo en la memoria oculta
en su sinuosidad de luz abisal;
alguna escritura de agua bajo la piel,
en el manantial de luciérnagas olvidadas
La noche nos agrede y busca con su oscuro rostro
como el cuervo desea
cerrar su instinto

Notas del tiempo en que vivo
Cheguei até às entranhas
ao sentir o infame alento
a noite transversa da insônia
a corromper o hábito do canto
a dissipar a muralha de rostos magistrais.
Apenas isso me levou a inquietar o pulso,
a rosa que cala com seu perfume
ao vento em sua enteléquia do mundo.
Apenas isso me comove na procura.
Suportei uma noite cabisbaixa
debaixo de minha sombra e uma fadiga no pescoço
com as dobradiças do tempo
entre palavras silenciosas tentando segurar-me.
Onde havia um túnel de gelo
e um amor elaborando lactâncias
que se fez pela ordenha
entre o que deixou o inverno de teus olhos
e o que restava entre verdades e lembranças
do dia em que me fitavas
como um falcão pousando com suas garras
sobre a árvore de cinzentos,
pintava uma tela
de viagens e uma velhice apressada.
Abandonei seu bico e garras
como jarrões de pó
na gruta,
uma prisão longeva e resseca sem luz
que me fez ler os livros cruéis
da vaidade, a silente emboscada da alma.
Os fragmentos
de minha origem
E alguma vez fui um eco
e uma quantidade de refrações
de palavras.
Alguma, entre tantas ficou uma membrana
ressoando dormida em seu crepúsculo;
da que se fez o rosto
e foi urdido outra vez.
E ainda não havia terminado
de ler os livros
quando já me encontrava
próximo
gotejando o aroma.
e ainda quisera como tu,
mas é assim,
como o dia imediato,
e agora é já a noite de dizer
que era necessário,
trazê-lo na memória oculta
em sua sinuosidade de luz abissal;
alguma escritura de água sob a pele,
num manancial de vaga-lumes olvidados
A noite nos agride e busca com seu rosto escuro
como um corvo que deseja
encerrar seu instinto

Voltar
para
sua
página
-clique