Extranjeros
A los poetas
Irene Mercedes Aguirre
¡Somos los extranjeros!
Esos que abren su cáliz
extrayendo la savia de preguntas vitales
desde profundos pozos
vertiginosos, tensos
¡Buscando las señales!
¡Somos los extranjeros!
¡Somos la voz del himno
escondido en la entraña! Cuchillo escudriñante
que escarba las honduras
e intrépido arremete
con verbo restallante!
¡Somos los extranjeros!
‘Tan dentro y tan afuera!
¡Tan bajos y elevados! ¡Tan juntos y distantes!
Mostramos lo econdido
del mundo cotidiano
¡Lo que es significante!
¡Somos los extranjeros!
¡Ay, llevar esa carga,
que resume lo humano, solitaria, abrumante!
¡Pobres, pobres espaldas
hundidas bajo el peso
de los interrogantes!
¡Somos los extranjeros!
¡Tapices de los muros
que encierran los misterios! Jugosas humedades
goteando desde el fondo
de ancestros y de ideas,
de dicha y soledades!
¡Somos los extranjeros!
¡Artífices del alma,
mediúmnicos voceros, espirituales vates!
¡Compañeros de ruta
deshojando apariencias
tras lúcidos combates!
Magia poética
Magia blanca, Magia negra,
agobiante magia espesa que se esparce como el viento,
ora loca, ora serena.
Magia blanca que bucea,
cavadora de los mundos escondidos, soñolientos,
a la espera.
Magia oscura que rastrea
incitando y desvistiendo piel y carne recubrientes
de mi cántaro y mis penas.
Magia blanca, Magia negra,
la hechicera disolvente de espesuras. La vertiente
hacia ensueños que liberan.
Magia alada. Fina tea
descubriendo manantiales ignorados, anhelantes,
por mis áridas estepas.
Magia densa que recrea
gota a gota su pureza rutilante, su armonía
intocada, clara, fresca.
Magia plena en mis arterias,
capturando los sentidos afiebrados de la mente
que musitan a mi vera.
Magia blanca, magia negra
irradiando brillo egregio, deslumbrante ¡Eternamente
disparada a las estrellas!

El eco lejano
Irene Mercedes Aguirre
Preguntándome vivo,
intentando, escribiendo,
tropezando con popas de perdidos navíos.
Soy la frágil gaviota
que interroga, acuciante,
al océano inmenso del arcano infinito…
Y apenas me responde
con su rumor no humano
el oleaje incesante que amortigua mi grito.
Caminata intangible
por inciertos espacios
tras el hilo de plata que me aferra a sus brillos
y mantiene el contacto
con la vida terrena
mientras yo más me abismo en fantásticos giros.
La soledad me envuelve.
Ya no consigo alivio,
No hay calor, ni ternura, ni alimento, ni abrigo,
Sólo flotan esencias,
tropos, oscuridades,
y esa única ruta que engloba los caminos.
Pero el centro se oculta,
el centro luminoso
ese lugar perfecto, sin dudas ni extravíos.
Capto su eco lejano
solitario, distante, atenuado,
opacado, apagado, tenuísimo…..
¿Me moriré sin verte, resplandor entrevisto
en el nudo crucial de materia y delirio?

Ráfagas rimadas
Irene Mercedes Aguirre
Me brotan las palabras esta tarde
y vuelan como ráfagas rimadas,
como una conjunción de mis adentros,
pétalo en flor, esencia innominada.
Me brotan a raudales. Como estelas
dejan la huella blanca de su paso
y por instantes se percibe de ellas
el riel brumoso de su estrecho abrazo.
Toco sonidos, junto las palabras
sin ton ni son, sólo porque me brotan,
aunque no haya un motivo para hallarlas
o avizorar el ritmo de las cosas.
Me brotan porque sí, porque no puedo
frenar el pensamiento que se hilvana
al otro pensamiento subsiguiente
como las cuentas de un collar en llamas.
Salto de un sentimiento hacia su opuesto,
vinculo un polo con el antagónico,
mezclo semillas de conceptos bases,
traspaso el alma con el áureo tónico.
¿Qué situación se dio? ¿Qué movimiento?
¿Qué alteración o enfoque diferente
pudo hermanar poéticos conjuros
sólo por el placer que se me enciende?
Cada vocablo descubrió de pronto
en milagroso hallazgo, al compañero
como si la energía se centrara
primordialmente en diagramar los versos.
Me brotan las palabras y ese gozo
de avizorar las rimas me aperpleja.
En apariencia, juego en superficie,
pero percibo el fondo ¡ letra a letra!
Los dioses no se han ido
Se vislumbran allí. Aún permanecen
fulgurando sus yelmos de ilusión.
Su excelsitud nos cubre y estremece
lo cotidiano. Mágico timón.
No se han ido. No.
Atraviesen a veces, fugazmente
con las alas al viento el claro cielo,
juegan a perseguirse, mutuamente,
danzan sin timidez bajo sus velos.
No se han ido. No.
Resplandecen a ratos, en crepúsculos
de declinantes tardes escogidas,
confundidos con nubes y corpúsculos
perfilando sus sombras escondidas.
No se han ido. No.
Están allí. Del todo no se han ido.
Permanecen los ecos de sus voces
como un río interior desconocido
recorriendo a mi ser con puros goces.
No se han ido. No.
Dibujan diariamente los ensueños
que brotan en nosotros, cotidianos.
Las sendas que provienen de lo arcano
son territorios suyos. Son sus dueños.
No se han ido. No.
Se acercan más que nunca aquellas horas
cuando el verbo devela sus sentidos
con poesía que nutre y elabora
los caminos oscuros e intuidos.
No se han ido. No.
Se detienen atentos ante notas
de alguna melodía donde emana
luz de trasmundo. Vértice que brota
desde lo alto con sagrada trama.
No se han ido. No.
No se irán de este mundo, estoy segura
mientras alumbre indómita la tea
de lúcidas preguntas. Sus figuras
se agrandarán por mundos de quimera.
No se han ido. NO.

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